Conocer mujeres testigos preocupes

A pesar de que a día de hoy soy una atea acérrima, no siempre ha sido así. Para daros contexto, mis padres habían estado dando tumbos durante unos años de una creencia a otra, sin quedarse en ninguna, desde la ortodoxia hasta los mormones, como una especie de voyeurspero de la religión. A base de insistir, mi madre un día se paró y escuchó lo que le quería decir esa mujer bajita y de avanzada edad. Vamos, que nos comieron el coco a base de bien. Os mentiría si os dijera que no me gustaba en aquel entonces. Aprendí cosas como que no había que celebrar los cumpleaños porque en la Biblia se relacionaba con cosas chungasni las Navidades porque tenían orígenes paganosque Jesucristo no es Dios, sino hijo de Dios, y había que referirse a él como tal, como hombre corriente que bajó a la Tierra, y que murió en un madero de tormento, no en una cruz, y que debemos huir de la iconografía religiosa ; que no debíamos hacer transfusiones porque debíamos abstenernos de la sangre, como mandaban en Génesis ; Levítico ; Deuteronomio y Hechos Entonces mi dosis de religión semanal ya era de cuatro horas. Con el tiempo no tardé en empezar a asistir los miércoles, porque, claro, quería demostrar que estaba comprometida.

Captaron a mi madre a base de seguirla día tras día y a mí con ella

Karen tenía unos 12 años cuando comenzó a ser víctima de abusos sexuales. Viney llevó el caso ante las autoridades de la agrupación, que realizaron una suerte de audiencia privada regida por dos superintendentes. Ante ellos, Karen narró los abusos de los que había sido víctima, los cuales fueron negados por su agresor. El andanza derivó en el alejamiento de Karen y de Viney de la agrupación religiosa, a la que perteneció durante casi medio siglo. Viney se convirtió en un fuerte crítico de la manera cómo el culto manejaba los casos de abusos sexuales y, concretamente, de la llamada regla de los dos testigos. Por esta controvertida estereotipo, la agrupación ha sido cuestionada en diversas partes del mundo y señalada por facilitar la impunidad en casos de pederastia. Hay ejemplos de dos testigos de quienes se espera que prueben que hubo cierto comportamiento, especialmente cuando se le atribuye a algún de autoridad. Sin embargo, ninguno de los casos había sido reportado a la policía.

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La persecución ha continuado durante días. Una técnica que conoce bien Raquel López Pavón, superviviente de violencia de género y exmiembro de los Testigos. Por eso ha querido dar el paso de desenmascararla en este reportaje para que ninguna mujer caiga en sus garras. De repente el buzón de entrada de mails empieza a hartarse de mensajes. El primer correo denial le extraña a Marina Marroquí, presidenta y fundadora de AIVIG, pero en nada constata que las comunicaciones que recibe no son fruto de la casualidad. Una ayuda que cuanto aparte resulta irónica. Y es que para esta reconocida feminista caer en las garras de cualquier organización religiosa o sectaria tendría fatales consecuencias para las víctimas. Marroquí denuncia que los mails que ha seguido recibiendo llegan a ser acoso y derribo.

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